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Red Internacional

Abusos eclesiásticos.La iglesia refugia en San Luis a un cura denunciado por abusos en La Pampa

El sacerdote y ex capellán del ejército José Miguel Padilla fue denunciado en 2019 en la provincia de La Pampa y desde entonces se encuentra en funciones en San Luis.

Augusto OsorioEstudiante de Historia - UnCuyo

Jueves 29 de julio | 15:25

Padilla es el creador del instituto de frailes capuchinos “Fraternidad de Belén” que con el visto bueno del obispo de La Plata Héctor Aguer obtuvieron la administración de tres parroquias en La Pampa en 2001.

El cura que fue capellán del ejército en la dictadura y que apoyó al movimiento carapintada en el gobierno de Alfonsín, fue la cara visible desde 2004 de una parroquia en Intendente Alvear de La Pampa. En 2019, 15 años después, es denunciado por abuso sexual agravado por ser miembro de culto y un año y medio después es denunciado por un ex seminarista de la fraternidad de Belén por el mismo delito, pero la víctima en este caso era menor de edad al momento que sucedió. Cuando Padilla recibe esta ultima denuncia lo hace en San Luis, provincia a la que había huido con el amparo de la iglesia que lo encubre.

En 2019 el denunciante oriundo de Entre Rios mediante unos tweets cuenta lo que vivió en el convento desde que llegó en 2015 con 20 años y posterior a su salida del instituto a raíz de los abusos cometidos por Padilla en un ambiente de terror que se vivía puertas adentro.

Según lo que relata el diario Perycia, era un convento con múltiples restricciones, entre ellas la prohibición de cerrar las puertas de las habitaciones con llave. El sobreviviente recuerda con temor la noche en la que Padilla abusó de él y luego lo invadieron las preguntas, los miedos y la tristeza ya que por esos días habían ido sus padres a visitarlo y estaban en otra habitación muy cerca de donde Padilla se había acercado al joven y le había dicho al oído “Mío, de nadie más, mío”.

Las respuestas de los obispos

Desde 2016 el denunciante envió cartas al Obispo de La Pampa Raúl Martín, al Obispo de San Luis Gabriel Barba y este año le escribe a Mario Poli Arzobispo de Buenos Aires donde explica “no soy el primer afectado por el accionar de Padilla, pero sí fui el primero en acudir a la Justicia, luego de solicitar ayuda al Obispo Raúl Martín – su sucesor – y posteriormente a la denuncia, a Monseñor Gabriel Barba, Obispo de San Luis donde comenzaron los abusos. No obtuve acompañamiento, ayuda ni respuestas de parte de los Obispos mencionados”. Las respuestas de estos obispos fueron iguales: ignorar a la víctima.

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Cadenas de encubrimiento

Según lo que cuenta la fiscal Ivana Hernandez a raiz de la segunda denuncia que se hace contra Padilla donde la victima era menor en el momento que ocurrió el abuso, hay muchos casos más pero no se ha avanzado en denuncias por el temor y la victimización a la que son sometidas las víctimas cuando no la persecución por parte de la iglesia para silenciar estos casos.

Al tiempo que se denunciaba a Padilla en 2019 hubo movilizaciones frente a la parroquia de Padilla y en la localidad de Santa Rosa en La Pampa que resonaron en la comunidad. La respuesta del cura y su abogado Jorge Salamone fue pedir licencia en Intendente Alvear e irse a San Luis.

“La Iglesia es una institución que habilita la pedofília, en tanto no castiga. Cuando se entera de algún abuso traslada a ese cura, a riesgo absoluto de que siga abusando, ya que el que abusa no lo hace solo una vez, no es un error, ni un pecado es un delito. Para que esto funcione necesariamente hay cadenas de encubrimiento, que llegan a Bergoglio”, apuntó al medio la psicóloga Liliana Rodríguez.

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