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Red Internacional

Seguramente la usaste millones de veces. La escuchaste por todos lados. Es parte del habla coloquial. Pero lo que probablemente no hayas visto en ningún lado es que la palabra tiene un origen racista. Acá te contamos todo.

Miércoles 29 de septiembre | Edición del día
Recreación del Quilombo dos Palmares de Brasil

Quilombo, bardo, bondi. Todos estos conceptos sirven, dentro del enorme vocabulario que usamos todos los días, para definir lo mismo: problemas. Es sinónimo de algo “malo”, de cosas que no salieron bien y que se complicaron. Decir que se armó/hay/es un quilombo nos habilita a describir, con solamente una palabra, el problemático estado de situación que queremos ejemplificar.

Pero la realidad, como todo en la vida, suele ser más compleja. Porque el término quilombo en América Latina se usó históricamente para referirse a los espacios de resistencia de personas que huían de la esclavitud. Si, tal como lo estás leyendo. Los esclavos cimarrones que se escapaban lograban organizarse políticamente en lugares provistos de agua y cuevas y hasta tenían sus figuras de autoridad como los alcaldes para dirigir a la población. En Brasil, actualmente hay miles de quilombos y sus habitantes, los quilombolas, son reconocidos constitucionalmente desde la década del ‘80.

Etimológicamente, la palabra proviene del kimbundu, una de las lenguas más habladas de Angola. A comienzos del siglo XVI, los colonizadores trajeron a América a los primeros esclavos africanos para reemplazar a los habitantes de los pueblos originarios que eran esclavos de las colonias españolas. Durante tres siglos, casi 60 millones de personas fueron secuestradas para trabajos forzados y apenas una décima parte de ellas lograba sobrevivir.

Sin embargo, contra toda pasividad, los esclavos comenzaron a resistirse y a organizarse para enfrentar esta situación. En Brasil y en la zona del Río de la Plata estos refugios libres de esclavismo eran conocidos como “quilombos”, mientras que en otros lugares del continente se los denominaba “palenques”. Fueron una referencia indiscutida de la lucha contra el esclavismo en el continente. El estilo de vida era comunitario, se regían por la igualdad entre todos sus miembros de manera tal que todos realizaban las mismas tareas. Nunca tuvieron armas de fuego sino que se defendían con espadas y armas blancas.

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Uno de los más grandes fue el Quilombo dos Palmares de Brasil, en donde vivieron cerca de 15.000 personas que lograron permanecer durante casi todo el siglo XVII. “Los negros tienen una historia heroica de lucha, resistencia y atrevimiento. En todas partes del mundo donde existía la esclavitud y el racismo, los negros lucharon y se rebelaron. Hubo innumerables huelgas de hambre, fugas, rebeliones, incendios de plantaciones, asesinatos de capataces y plantadores. Los quilombos son el símbolo más fuerte de esta resistencia y Palmares se ha grabado en el imaginario de todos los negros de nuestro país. La identidad negra es fuerte e intolerable para la burguesía, ya que lleva en sus venas esta trayectoria de insubordinación que amenaza el poder de la clase dominante”, relata la agrupación brasilera Quilombo Vermelho en su manifiesto.

En el siglo XIX el término pasó a ser parte del lunfardo de Argentina, Uruguay y Paraguay para referirse despectivamente a los prostíbulos de las clases bajas, en las que había mujeres de un remoto origen africano. Por esta razón es que, con el tiempo y con esa carga negativa encima, el quilombo comenzó a ser sinónimo de peleas y así llegó a nuestros días en forma de problemas, complicaciones y contratiempos. Sin embargo su origen refleja todo lo contrario: la resistencia e insurrección de los esclavos contra los amos y señores que regulaban sus propias vidas.




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