Acá nadie renuncia

Justo a tiempo: la CGT y la CTA discuten la "unidad" y preparan "el Día de la Lealtad"

Tiempo estimado 8:37 min


El sindicalismo peronista también recibió un cachetazo el domingo. Y otro el miércoles, con la crisis del Gobierno. Encima tenían en marcha sus propias elecciones y la marcha del “Día de la Lealtad”. ¿Se elige la nueva conducción o patean todo para 2022?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Viernes 17 de septiembre | 11:27

1. Padrinos de la derrota

“Me acosté a la 1 y eran las 6 y no lo podía interpretar”. La frase es de Antonio Caló y resume el desconcierto de los jefes sindicales tras el cachetazo electoral del domingo. Uno podría preguntarse si ninguno la vio venir. Quienes frecuentan los despachos sindicales dicen que no. “Los sorprendió, como a todos”.

El hecho revela cuán alejados están de la vida cotidiana de sus “representados”. Ni hablar de quienes no tiene lugar en sus organizaciones por no tener recibo de sueldo.

Porque, hay que decirlo: las cúpulas de la CGT y la CTA son los mejores padrinos de la derrota. Prometieron “recuperar lo perdido” pero durante su propio gobierno el salario real cayó casi 6% para los trabajadores privados, 12,7% para los públicos y 14% para los informales. Votaron un salario mínimo y "vital" de 29 mil pesos, se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, la pobreza se acerca al 50%, murieron miles para “sostener la producción a pleno” en plena pandemia.

¿Qué esperaban?

Su “aporte” a la campaña, además, fue pésimo. Primero porque “militaron” poco, algunos dicen que enojados por su (no) lugar en las listas, otros porque los tildan de piantavotos (como si fueran los únicos). Segundo porque quienes sí tuvieron sus candidatos, la Corriente Federal y la CTA, perdieron el debate por goleada. Arrancaron proponiendo la reducción de la jornada y terminaron diciendo que la derecha venía por las indemnizaciones. Como todo el FDT, de tanto correrse a la derecha perdieron los votos pero también la “batalla cultural”.

La última semana fue todo un símbolo: con la resaca del acto del Frente de Todos, varios se fueron a un mitin en la Embajada de EEUU. Parece que “Juan Domingo” Biden está interesado en el “modelo sindical argentino”. Todo un dato.

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2. La resaca que no termina

Cuando todavía estaban terminando de contar los votos, un sector del sindicalismo peronista puso en marcha dos operativos. El primero, ensayar un nuevo relato de campaña. “Perdimos porque no había plata en el bolsillo de la gente, hay que tomar medidas” dijeron quienes aprobaron todas las medidas del Gobierno. Cinismo total.

Si no hubieran sufrido la derrota no hubieran pedido siquiera este cínico “alivio electoral”. Incluye además el pedido de “más participación en esta etapa de la campaña”. No alcanza con un lugar en la selfie final.

El segundo, apurar la reunificación de la CGT. ¿O usted creyó que iban a “poner a disposición sus renuncias? Sí claro. Armaron un grupo de guasap: “todos unidos triunfaremos” para discutir una conducción compartida hacia el Congreso que elección de autoridades que se realizará el 11 de noviembre. Empezaron a barajar formas y nombres. ¿Triunvirato? ¿Dirección colegiada? ¿Daer, Acuña, Moyano y Silley?

Pero cuando muchos de los jerarcas iban camino a la sede de la UOCRA les empezaron a vibrar los celulares. ¡Boom! La crisis del Gobierno había estallado. Otra vez el desconcierto. Caló otra vez a pensar y pensar.

Paremos muchachos. La “mesa chica” tuvo que convertir la rosca sindical en un capítulo más de la rosca nacional. Daer y la UOCRA fueron los primeros en expresar “su apoyo absoluto al Presidente y el respeto a los valores institucionales y democráticos”. Además, decidieron convertir la marcha del 18 de octubre en un apoyo explícito a Fernández, que es Alberto. Hacía rato que el “Día de la Lealtad” no daba para tantos chistes.

Del lado de quienes están por fuera del consejo directivo primero hubo silencio. Después se metieron en el entrevero. Pablo Moyano denunció un “intento desestabilizador” y aseguró que “vamos a acompañar y estar al lado del gobierno hasta las últimas consecuencias”. Hugo criticó las renuncias y prometió “reventar las urnas en noviembre”, lo que no queda claro qué significa. Más bien preocupa. El otro Hugo, Yasky, dijo “no tengo dudas de que vamos a preservar la unidad del Frente de Todos y vamos a salir fortalecidos de esta crisis”. Lo hizo en el momento en que se “filtraba” un audio de Fernanda Vallejos que le decía todo menos lindo al Presidente. El mensaje “unitario” no se podía pasar en x2.

“Vamos a salir fortalecidos”. “Vamos a reventar las urnas”. Vamos a ver.

3. La rosca debe continuar

Todo esto pasó en una semana. Hasta es posible que esta columna quede vieja a poco de ser publicada. Los talibanes miran por tevé la crisis argentina.

Pero la rosca sindical debe continuar. El miércoles que viene está convocado, en la sede de Azopardo, el Comité Confederal donde participan los secretarios generales de todo el país. No, no es abierto compañero, compañera. Tampoco al Congreso de elección de autoridades.

¿Cuál es la última novedad? Que el Frente Sindical de los Moyano y el Smata cerró un acuerdo con la Corriente Federal de Sergio Palazzo (Bancarios y 60 gremios) y Sindicatos en Marcha de Sergio Sasia (Ferroviarios y otros sindicatos).

A pesar de que Pablo Moyano dijo que hay que poner en pie una CGT “fuerte y unidad” adelantó una posibilidad que se empieza a charlar en los despachos sindicales: “se me ocurrió a mí pensar, que se postergue el Congreso, como para ir con más argumentos”. Se me ocurrió pensar…

¿Se postergará? Lo sabremos la semana que viene, si la CGT no estalla antes.

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4. Fuera de Azopardo está el descontento

Lo que nadie puede negar, a pesar de la atracción que hoy generan las roscas palaciegas, es el mensaje de la elección del domingo.

En medio del intento de polarización y de que la derecha capitalice la crisis oficialista, las urnas expresaron un fuerte descontento popular con el ajuste. Parte de ese descontento fue por izquierda.

Como nos contaba una trabajadora peronista, "voté al Frente de Izquierda porque no quiero votar más con la nariz tapada". En muchos distritos y barriadas bonaerenses el peronismo apenas pudo ganarle al “impresentable” Juntos, pero creció la abstención y el voto a la izquierda, que en localidades como La Matanza, Merlo, Moreno, José C. Paz, Malvinas Argentinas, Almirante Brown o Florencio Varela superó los 7 puntos, ubicando al FITU como tercera fuerza. Ese no es un dato que no solo queda marcado en un acta de escrutinio. Se sintió en los lugares de trabajo el lunes, donde la burocracia estaba con la cara por el piso y muchos contaban por qué habían “castigado” al gobierno que los estaba desilusionando.

Ese malestar, que primero dio lugar a distintas luchas sectoriales pero intensas como los proceso de autoconvocados o de tercerizados, también se empezó a expresar políticamente. Es el principal motivo de la crisis política que estamos viendo. Que también es una crisis del sindicalismo peronista. ¿Se sentirá, por ejemplo, en las elecciones gremiales que se rehabilitaron? Preocupa.

El Frente de Todos se debate en una interna entre dos facciones que gobernaron e hicieron campaña sin matices, pero ahora debaten cuánta responsabilidad tiene cada uno en la derrota y como maquillarla para no recibir otra paliza en noviembre. Fondomonetaristas con IFE o sin IFE, diría un amigo.

La CGT y la CTA son padrinos de la derrota y víctimas de la crisis. Pero también quieren ser parteros de un pacto social que garantice esos proyectos patronales. Si es con el peronismo mejor, sino se las arreglarán como hicieron con Macri.

La única forma de evitar que avance la derecha pero también que nos impongan el “mal menor” es reforzar la pelea, en las calles y la campaña hacia noviembre, para que el Frente de Izquierda Unidad se transforme en una alternativa política para imponer una salida en favor de las grandes mayorías. Mientras tanto, hay que exigirle a las centrales y sindicatos que rompan su subordinación al Gobierno, convoquen asambleas en todos los gremios y lugares de trabajo para discutir un plan de lucha por salario, el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, el rechazo a cualquier “reforma laboral” y la ruptura con el FMI.

Esto no da para más.





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